jueves, 2 de junio de 2011

"El oro en Extremadura", por Marcela Martín Jiménez.

Cuando, no hace muchos meses, fueron expuestas a la pública curiosidad, en una vitrina comercial de Cáceres, muestras del codiciado metal amarillo, intenté reunir y publicar algunos datos, acerca de las relaciones, más o menos curiosas, que existen entre el oro y Extremadura. Era una ocasión propicia, y sólo circunstancias que no viene a cuento, me hicieron desistir de aquel propósito. Hoy, cuando asistimos, emocionados y expectantes, a la mayor contienda guerrera que han visto los siglos; cuando nos damos a pensar en las causas económicas y sociales de la gigantesca lucha, y, vislumbramos entre negras brumas de tormentas que el oro ha influido en las mismas, viene a mi mente, otra vez, el recuerdo de tan endemoniado metal. Porque, ¿cómo ha de calificarse a un cuerpo simple, origen de tantas y de tan universales querellas?

Existe, además una cuestión -ya casi dilucidada por completo- en la que interviene Extremadura, en relación con el oro. Se trata de un aspecto de carácter de los extremeños, hombres de carne y hueso, al fin y al cabo, y, por ende, pecadores como el resto de los mortales. Dicha cuestión batallona ha dado origen a una leyenda infamante, con visos de causalidad lógica. A los extremeños, a los españoles, todos, se les considera como poseídos de un tal modo, por la llamada sed de oro, o fiebre amarilla, que en éstos, y no en otros cimientos de mayor nobleza, se ha pretendido fundamentar por algunos historiadores la obra ingente de la conquista americana. Pasaré por alto la historia y la reputación de tan poco caritativa tesis. Mi tarea será más Humilde quedar sentada la verdad de que los extremeños, aunque conocen, trabajan y usan el oro, desde los tiempos prehistóricos, lo aman, y lo tienen en estima, desde luego, que ello no puede ser negado, mas que esta inclinación, se orienta en sentido bueno y honesto, no en forma de avaricia, ansia de dominio o afán de poderío, como les achacan los mal intencionados. Procuraré aclarar las cosas, para que no haya duda acerca de mi demostración.
Comenzaré por algunas notas históricas. ¿Fue nuestro territorio productor de oro en los tiempos fabulosos de Ofir y tartessos? A mi juicio, sí. Tengo en favor de tal afirmación, de una parte, al célebre tesoro de Aliseda; de otra, las huellas de laboreo de ciertas minas señaladas por los técnicos de algunas localidades extremeñas.
De todos es conocida la fama de aurífero que daban al Tajo los romanos. Existen, además, muchas consejas y leyendas acerca de los tesoros extremeños, hallados o sin hallar, que se refieren a sitios en los cuales existen evidentes restos de poblados o fortalezas prehistóricas.
Citaré, únicamente, un refrán sencillo, que hace alusión a un tesoro escondido en un castro a orillas del río Tozos: "Cuando el río Tozos crece, el gato de oro bebe".

¿Quién no recuerda el famoso hallazgo de Aliseda? A mi buen amigo, el sabio y modesto profesor de Historia, señor Orti Belmonte, se debe la salvación de los restos.
Sobre él, dijeron ya muchas cosas los arqueólogos, y, hoy, es una de las piezas más valiosas e importantes, por su arte depurado y arcaico, de la Sala Áurea del Museo Arqueológico Nacional. Si en lugar de ser encontrado en Cáceres, se hubiera desenterrado en otra parte -y esta es carta a nuestro favor- estoy seguro, de que inmediatamente se hubiera organizado alguna poderosa Sociedad Anónima para seguir buscando cosas en el sitio de su emplazamiento. Aquí nos quedamos todos tan quietecitos "aún estamos orgullosos de que haya emigrado al museo de Madrid, para ser en él digna muestra de nuestro amor al ORO”.
De paso, no estará de más dejar dicho que, en la técnica de las Alhajas de Aliseda, se reflejan las que los artesanos de toda la provincia, llamados oribes, emplean en la confección de las actuales. No todas, ciertamente, sino solamente algunas: la filigrana, el granulado y el hilillo. Perdieron la del repujado, lo que tiene una racional explicación que no debo dar ahora. Lo cierto es que el oro se sigue obteniendo y trabajando en nuestra provincia. Pueblo hay como Montehermoso, que todavía avecinda los "aureanos" lavadores de arena. El río Alagón pasa por terrenos auríferos. Su acción disgregadora, y la de sus afluentes, unida a la sedimentaria, son causa de que luego de ciertas avenidas y depósitos subsiguientes, los montehermoseños vayan a sus márgenes a ganarse un pequeño jornal. Pequeño, muy pequeño; pero jornal al fin. Para darnos una idea de su rudo y monótono trabajo, baste decir que en el Rhin se precisa remover siete millones de kilogramos de arena para obtener un kilogramo de oro. Es lógico suponer una proporción análoga en nuestro caso. Luego, hace siglos, que aquí se sabe lavar arenas. Es más, ahora se aplica este proceso a la obtención del wolfram. Es algo tradicional en Cáceres. El oro así obtenido lo adquieren los oribes, que saben fundirlo y trabajarlo. Fabrican luego las curiosas y también tradicionales alhajas de rancia prosapia extremeño-leonesas: gargantillas con colgantes de galápagos; veneras o cruces; pendientes de las más variadas y pintorescas formas y tamaños; pulseras, anillos, rosarios... Curioso y entretenido por demás es el trabajo de estos artesanos. en la mesa, frente a la luz directa, se agrupan las herramientas, los materiales y utensilios: laminadoras, hileras, lámparas, sopletes, soldadores, pinzas, martillos, etc.. Sus manos experimentadas se mueven rápidas y seguras, y las diversas piezas van saliendo, en serie, para ser agrupadas primero ordenadamente y montadas luego. He dicho en "serie" y conviene insistir: porque a esta manera de trabajar nuestros artesanos, más vieja que Matusalén, se ha dado en llamar invento de naciones industriales. No; ellas habrán inventado otras cosas. Pero el trabajo en serie es conocido y practicado entre nosotros desde hace miles de años. ¡A cada uno lo suyo!

Por tanto, si aquí se extrajo y se trabajó y se usó el oro desde los tiempos prehistóricos, ¿es alguna cosa extraordinaria que los extremeños, al llegar a las tierras descubiertas por Colón, lo buscaran y lo recogieran? Muchas leyendas, muchas falsedades y muchas envidiosas reticencias tenemos que aguantar de los que nos critican, como si fuera un crimen esta afición al oro, y hasta la dan por base de la conquista. El español -dicen algunos- y el extremeño en particular -afirman otros- tiene tal prisa por enriquecerse rápida y cómodamente, sin trabajar, que arriesga gustoso la vida por hacerlo. Suponiendo que el arriesgar la vida no sea un gran trabajo, que ya es suponer, me parece que la actuación de los extremeños en América no fue cosa de juego. Y está ello archidemostrado. Solamente el puritanismo de los necios, que suponen tontos a los demás para mejor provecho suyo, puede afirmar que se extienda a todo un pueblo los casos particulares de verdadera codicia. ¡Bonita manera de razonar!
Pero vamos al fondo de la cuestión, y veremos si en este fondo existe alguna prueba en contra de tan poco caritativa leyenda. ¿Para qué quisieron y quieren el oro los extremeños? Fácil es contestar a esta pregunta. Nos bastará asistir, con espíritu observador a una fiesta en no importa que pueblecito, incluso humilde y pobre: romerías, bodas, bailes, corros, paseos. Las mozas han sacado del arcón las ropas mejores: los pañuelos de seda, los multicolores refajos, las medidas de lana blanca o azul. Se han peinado con todo primor y lucen -que aquí si que está bien empleado el vocablo las preseas de oro con las que realzan su hermosura. Si buscáis, pues, oro en Cáceres, en Extremadura, en España, aquí, en estas y bullangueras reuniones de gente joven, encontraréis los objetos preciosos fabricados con él. He conocido casos curiosos: la casa rica, a la que faltó la hija joven, presta las "cosas" de oro a la muchacha pobre y amiga, para que las "lleve" en la fiesta. Que para eso quieren el oro los extremeños: para que se adornen con alhajas las novias, las madres, los santos patronos, las vírgenes, las Iglesias.

Porque si entramos en las parroquias, en las ermitas, en las catedrales, vemos, al frente, el altar mayor. Como el resto de los otros altares, está magníficamente adornado.
Sigamos dentro de la iglesia. Se celebra el corpus y el Altar brilla iluminado por mil luces, adornado con preciosas flores. Las juncias y el tomillo alfombran y aroman los suelos. Los sacerdotes visten los mejores ornamentos, recamados de oro y sedas. La Custodia es como un sol que nos deslumbra. Es de oro, de plata sobredorada. O como era un pueblín de las Hurdes, de madera ¡dorada! Que para dar culto a Dios quieren el oro los extremeños y no para fines perversos. ¿A qué insistir?

Termino con una nota pintoresca. Cuando las iglesias de nuestros conventos quedaron abandonadas, ocurrió, más de una vez, que ejércitos extranjeros, ocupantes ocasionales de tierra española, la tomaron por cuarteles. Aquí en Cáceres, con un motivo de tal clase, fueron quemados por los ocupantes los retablos de la iglesia de San Francisco, a fin de sacarles el oro. No quedó uno en pie, a pesar de ser su valor artístico muy superior al intrínseco del oro que los adornaban. Pero aquellos "civilizados" huéspedes no vacilaron en destruir la riqueza espiritual, para llevarse, si es que supieron obtenerla, la riqueza material. ¿Para qué querían el oro los amigos?

miércoles, 1 de junio de 2011

Excursión de Bateo de Oro en Moraleja (abril 2011).

Los días 2 y 3 de abril de 2011 la asociación MAJERIT organizó en Moraleja (Cáceres) una excursión de bateo de aluviones auríferos. 
MAJERIT, con la colaboración de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y los conocimientos técnicos de D. RUFINO OREA CAMPOS y D. IÑIGO OREA, organizó una salida al campo de fin de semana, en la que se enseñó a los asistentes la técnica de investigación minera de bateo en ríos y arroyos, para la localización de yacimientos de minerales densos y en particular, criaderos auríferos.
Se recogieron pepitas de oro nativo: muestras milimétricas muy interesantes, ocasionalmente superiores a los 3 mm, junto a otros minerales aluvionares densos que aparecen en forma de nódulos y partículas pequeñas en los concentrados de bateo (casiterita, scheelita...).

Material necesario:
  • Calzado y ropa de de campo adecuados.
  • Botas de goma hasta la rodilla o si alguno las tiene, botas altas hasta las ingles de pescador para poder meterse al agua a batear.
  • Batea grande (de 40 cm de diámetro externo).
  • Dos tarros del tamaño de un bote de mermelada de boca ancha, preferiblemente de plástico y con cierre hermético para guardar los concentrados auríferos.
Material opcional:
  • Picachón y pala grande de la construcción si se dispone de ellos, para ayudarse en las labores de extracción de aluvión para su posterior bateo.
  • Detector de metales adecuado para la búsqueda de pepitas de oro y azadilla, zapapico o herramienta similar para cavar.
  • Lupa de bolsillo de mineralogía o de numismática, cámara de fotos y/o de video, gorra de visera, gafas de sol, crema protectora solar, etc.
  • Guantes de trabajo de los que están compuestos por un guante textil bañado en caucho rugoso.
Alojamiento:
  • HOSTAL QUEEN VICTORIA (Moraleja): 927 519 129.
  • HOSTAL EL VOLANTE (Moraleja): 927 515 177.
  • HOSTAL DELFOS (Moraleja): 927 515 425.
  • CAMPING SIERRA DE GATA (Perales del Puerto): 927 672 168.



martes, 31 de mayo de 2011

"Aguas minero medicinales de Valdelazura (Plasencia)", por Ángel Galindo.

En 1910 don Ángel Galindo publicó esté opúsculo sobre las aguas minerales de un manantial placentino. Analizadas por Santiago Ramón y Cajal, tienen carácter radiactivo. Se presenta solo una parte del mismo:







Años después, en 1992, Victoria Rodrigo y Salvadora Haba publicarían otro trabajo sobre este manatial, titulado "Aguas medicinales y culto a las aguas en Extremadura", del que daremos nota explícita en otra entrada de este blog.

lunes, 30 de mayo de 2011

"Del Meteorito de Guareña", por Hernández-Pacheco).

Nota publicada por don Eduardo Hernández Pacheco en la Revista de Extremadura, vol. 2 (1900), pp. 102-110:

DEL METEORITO DE GUAREÑA

Rebuscando en unas publicaciones de Historia Natural, datos para un trabajo que ahora no hace al caso, encontré una noticia sin relación con lo que buscaba, pero que me llamó la atención por referirse a un acontecimiento extremeño de aquellos que dada su rareza no pierden nunca la actualidad. La noticia se refería al estudio hecho por el profesor de Greiswald, el célebre petrógrafo Cohen de la piedra meteórica que cayó en Guareña (Die Mateoriten von Laborel und Guareña)(1). De este estudio hecho con una partícula remitida al profesor Cohen por mi ilustre maestro D. Salvador Calderón, hacemos gracia a nuestros lectores, pues es un estudio sumamente técnico, que comprueba el de los geólogos españoles Sres. Calderón y Quiroga, limitándose a dar noticia de la estructura y composición mineralógica del pequeño trozo de astro que sorprendió con su caída a los habitantes del citado pueblo el 20 de Julio de 1892.

Probablemente pocos recordarán este hecho que no tuvo la resonancia y publicidad que el bólido de Madrid, pero los que con seguridad no lo han olvidado, son los jornaleros que en una viña cercana a Guareña, vieron con no poco susto la caída del meteorito, del cual se ocupa la revista anotada.

El fenómeno fue como todos los de esta clase. El día dicho, entre diez y once de la mañana, con lo despejado de nubes y la limpidez que tiene el cielo durante el mes de Julio en nuestro país, un colosal estruendo producido por una gran detonación a los desprevenidos habitantes de Guareña, que no acertaban a comprender la causa del inusitado ruido, dado lo despejado del cielo que hacía imposible atribuirlo a descarga eléctrica alguna.

A estas detonaciones, siguió la caída de un gran pedrusco, que con inusitada violencia chocó con el suelo, levantando densa polvareda hundiéndose a una profundidad casi de una vara de viña distante poco más de una legua del pueblo, en donde dijimos causó gran pánico a los braceros que en ella trabajaban, que lo que menos esperaban era la visita de tan brusco mensajero celeste.

No sin recelo se acercaron al sitio de la polvareda y sacaron del hoyo al perturbador, viendo que consistía en una gruesa piedra de superficie negruzca y rugosa, de forma irregular y gran peso dado su volumen. No sé cómo pasó el meteorito a propiedad del Sr. Cura párroco de Guareña , el cual se lo regaló a D. Antonio Cánovas del Castillo, el que permitió obtener fotografías de él. Afortunadamente al estallar el bólido, se dividió en fragmentos, uno de los cuales, encontrado a siete kilómetros del sitio donde cayó el anterior, fue entregado al Museo de la Comisión de Monumentos de Badajoz , cuyo director, mi querido maestro D. Tomás Romero de Castilla, dando muestras de su cultura, remitió un fragmento a los ilustres geólogos Sres. Calderón y Quiroga, pidiéndoles lo estudiasen y remitiesen un informe petrográfico con el objeto de que figurase junto al ejemplar: éste continúa en el citado Museo, donde pueden observarle los que tengan la curiosidad de tener en sus manos un trozo de un astro desecho.

Otros pedazos se repartieron por la provincia: así se sabe que cayeron uno en Mérida, otro en Badajoz, dos en Olivenza y otros dos en las inmediaciones de Villanueva del Fresno; es decir, en una superficie triangular cuyos vértices son Guareña, Badajoz y Villanueva del Fresno, y por consiguiente separados por una distancia máxima de veinte leguas.. Probablemente habría más proyecciones, que no fueron observadas, dentro de la elipse en la cual se pueden suponer situados estos pueblos.

Quizás la Comisión de Badajoz tenga noticia dónde se encuentran estos fragmentos; de todos modos más interés que esto, tiene el conocimiento de los puntos donde se verificaron caídas además de las conocidas, con el objeto de poder determinar con exactitud el área de dispersión que como se ve es extensa.

El estudio petrográfico que los Sres. Calderón y Quiroga publicaron en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural (2) es una obra maestra de esta clase de trabajos. No he de repetir aquí lo que puede verse en la citada publicación, únicamente haré notar que lo mismo el ejemplar regalado al Sr. Cánovas, que el existente en Badajoz, están cubiertos por una delgada costra de materia fundida de color negruzco; la masa interna es de color gris, de estructura granulada y constituida por una masa micro-cristalina lapídea, en la que se destacan a modo de granalla gránulos metálicos, unos de color gris acerado y otros más diminutos amarillo de latón, existiendo otros redondeados de color negro intenso y sin brillo; finalmente, entre los espacios que dejan los gránulos lapídeos y metálicos se observan inclusiones cristalinas redondeadas que, observadas al microscopio, muestran comunmente estructura radiante (condros de Rose). Los minerales que forman la masa lapídea son olivino en microcristales bastantes perfectos; broncita en cristales de mayor tamaño que los anteriores, y un feldespato que los geólogos citados han calificado de anoptita. La granalla metálica está formada por gránulos de hierro niquelifero los de color gris acerado; de pirrotita los amarillos, y de cromita los negros y opacos. En cuanto a los condros, unos están constituidos por un solo cristal de olivino (condros monosomáticos), mientras que otros están formados por diminutas agrupaciones de fragmentos de olivino o broncita o de ambos minerales a la vez. Como se ve, de los minerales citados, todos, excepto el hierro niquelífero, son abundantes en las rocas terrestres, y aun éste, si bien la aleación que le constituye no se encuentra en nuestro globo, sus elementos componentes el hierro y el níquel son abundantísimos en la composición de muchos minerales. Comunidad de materiales que nos da una prueba patente de la unidad de composición del Universo.

En resumen; la piedra meteórica de Guareña fue clasificada por los mencionados petrógrafos entre los Oligosideros de la clasificación de Meunier, seguida por los franceses; es decir, que en la masa lapídea que le constituye se encuentran gránulos metálicos de minerales de hierro repartidos a modo de granalla; mientras en la clasificación de Tschermak, seguida por los alemanes, está comprendido en el grupo III constituido con las piedras meteóricas formadas de broncita, olivino y hierro, como elementos esenciales, y de textura condrítica; subgrupo de los tobáceos. Es, por consiguiente, el meteorito en cuestión del grupo de los que con más frecuencia caen en nuestro globo.

Expuestos estos datos que he creido conveniente conste en la REVISTA DE EXTREMADURA, ya que ésta es órgano oficial de la Comisión de Monumentos de Badajoz, donde se conserva el meteorito y este es el único caído en nuestra región, expondré algunas consideraciones que pueden deducirse de tan curiosas y raras piedras, con objeto de contribuir a la divulgación de esta clase de conocimientos.

La explicación de los fenómenos que acompañan a la caída de tan curiosas piedras es por demás conocida. A causa de la enorme velocidad planetaria de veinte kilómetros por segundo, con que estos cuerpos cósmicos penetran en nuestra atmósfera, comprimen fuertemente el aire delante de ellos, el cual adquiere elevadísima temperatura que, transmitida al meteorito, produce la fusión de su superficie, siendo éste el origen de la costra negruzca fundida que indefectiblemente presentan.

Es claro, que la atmósfera opone resistencia al paso de la piedra, haciendo que disminuya la velocidad, llegando un momento en que en virtud de este rozamiento y la

reacción del aire comprimido por delante, el meteorito se detiene; entonces este aire se dilata, y al mismo tiempo se llena repentinamente el vacío originado en el sitio por donde pasó, produciéndose por estas concausas la detonación violenta que precede a la caída, y la explosión del meteorito en pedazos, cuando esto ocurre, como en el caso de Guareña. Desde el momento de la detención, el cuerpo pierde la velocidad planetaria que traía, y cae a la tierra según las leyes de la gravedad.

Parece mentira, pero hasta principios de este siglo que acaba, se ponía en duda el fenómeno, no bastaba la larga serie de piedras caídas del cielo que la historia ha apuntado en múltiples ocasiones y sitios; las academias y hombres de ciencia se negaban a tenerlas por hechos reales y positivos, atribuyéndolas a patrañas del vulgo; datando la admisión científica de estos fenómenos por la academia de Ciencias de París, según Flammarión (3), del 6 floreal del año XI, día de la famosa caída de meteoritos en la ciudad del Águila, departamento del Orne.

En la antigüedad, la más famosa caída, es la que citan Plinio, Plutarco y otros antiguos escritores como Diógenes de Apolonia que escribía: “Entre las estrellas visibles se mueven también estrellas invisibles, a las cuales, por consiguiente, no se les ha podido dar nombre. Estas caen muchas veces a la tierra y se apagan, como aquella estrella de piedra que cayó toda encendida cerca de Egos-Pótamos.” Como se ve, el antiguo filósofo no andaba muy descaminado respecto al origen extraterrestre de la tal piedra.

Un meteorito es también, según Portsch la célebre piedra negra de la Kaaba en la Meca, habiendo sido objeto también de adoración un hierro meteórico caído en Roma durante el reinado de Numa Pompilio.

Su volumen nunca alcanza a un metro cúbico, lo frecuente es que no excedan del tamaño del puño, así es que resultan de gran tamaño el caído en Guareña que perteneció al Sr. Cánovas, de 0,275 metros de alto, y el que figura en las colecciones del Museo de Historia Natural de Madrid, caído el día de Navidad de 1858 en Molina (Murcia), de mayor tamaño que una cabeza humana.

En cuanto a la frecuencia con que caen materiales cósmicos, es mayor que la que hasta ahora se ha creído. Pequeñas partículas y polvo cósmico se están precipitando constantemente en nuestro globo. Las expediciones de naturalistas, enviadas por los gobiernos cultos para estudiar el fondo de los mares, han recogido con mucha frecuencia de las profundidades abismales, esférulas de origen manifiestamente cósmico, como los condros de broncita dragados por Murray y Renard en el Pacífico a 3.500 brazas de profundidad. En las nieves de las regiones polares encontró frecuentemente Nordenskiold (4) polvo de hierro de origen indiscutiblemente extraterrestre.

En cambio es poco frecuente la caída de trozos relativamente grandes. En Extremadura no se tiene noticia de la caída de otro meteorito que la aquí expuesta, y aun en toda la Península se han verificado muy pocos, puesto que la lista de Meunier (5) comprende solo 16, siendo el meteorito más antiguo de que se tiene noticia, el caído en Aragón citado por Diego de Sayas, y el más reciente el de Roda (Huesca) en 1871, a los cuales hay que añadir el de Guareña, el de Madrid del 10 de Febrero del 96, y el últimamente caído en Quesa (Valencia) el I de Agosto de 1898, a las nueve de la noche, recogido por el Catedrático de Historia Natural de la Universidad de Valencia Sr. Boscá y analizado químicamente por el Dr. Peset de Valencia y petrográficamente por D. Salvador Calderón (6), análisis que han demostrado se trata de un hierro meteórico, único en España hasta la fecha.

Los meteoritos pueden agruparse naturalmente en dos secciones: 1ª, hierros meteóricos, constituidos únicamente por una masa metálica cuyo elemento principal es

el hierro; 2ª, piedras meteóricas formadas por una pétrea de cristales más o menos perfectos , de silicatos casi exclusivamente, entre los cuales se encuentran o no repartidos a modo de granalla, gránulos de compuestos de hierro, constituyendo los Oligosideros y Asideros de Meunier respectivamente. A este grupo, según hemos dicho, corresponde el de Guareña.

El análisis ha reconocido en su composición una treintena de cuerpos simples, los cuales todos son conocidos en los materiales terrestres, perteneciendo a los metales fácilmente oxidables como el sodio, potasio, etc, o los metales comunes como el hierro y níquel. Los metaloides están en pequeño número, y los metales preciosos como el oro, el platino y la plata, no se han encontrado.

Estos elementos se agrupan para formar minerales en un todo semejantes a los terrestres, como hemos visto en el de Guareña; y a su vez los minerales por su reunión, constituyen rocas que en muchos casos caben perfectamente dentro de los grupos terrestres; así hay meteoritos que considerados como rocas son eukritas o dunitas (rocas volcánicas abundantes en la Tierra). Otras veces las rocas meteóricas difieren grandemente de las que constituyen la corteza de nuestro globo, llegando esta divergencia a un alto grado en los hierros meteóricos. Debiendo hacerse notar la particularidad que el número de tipos en que pueden agruparse estas curiosas rocas, es bastante menor al de caídas, así que los 250 representantes de distintas caídas que hay en el Museo de París, se agrupan perfectamente en unos 40 tipos, es decir, que los mismos tipos de rocas caen sucesivamente

Expuestos estos datos, llegamos á la parte más oscura de la cuestión. ¿De dónde vienen estos singulares materiales? ¿Cuál es su origen? Con certeza no se sabe. Muchos, como Descartes, Hamilton, Edward King, Eusebio Salverte se obstinaban en considerarlos como materiales terrestres, pretendían nada menos que eran concreciones metálicas formadas en la atmósfera, y de aquí el nombre de aereolitos con que impropiamente los denominan algunos. Biot, Laplace, Humboldt y Arago reconocieron su origen indiscutiblemente extraterrestre, como muchos siglos antes afirmaban Diógenes de Apolonia, que si bien en esto acertó, en otras cuestiones cosmológicas disparató de lo lindo, como al suponer que la bóveda celeste era de piedra pómez. Cuando se repasa la embriología de la ciencia, se notan muchos de estos singulares y estupendos errores.

Pero el afirmar el origen extraterrestre de los meteoritos, no es aclarar la cuestión de su procedencia. La suposición de que provendrían de los volcanes lunares, hoy nadie la admite: la Luna es un astro muerto, sus volcanes se apagaron por toda la eternidad.

Meunier supone que son los restos de un antiguo satélite que gravitaba en derredor de la Tierra, entre ésta y la Luna: la verdad, como decimos, no es conocida todavía.

Queda por aclarar la causa de la fragmentación del astro que indudablemente formaron los materiales cósmicos de que nos ocupamos, antes de su desmenuzamiento. Más lejos exponemos la hipótesis de Meunier: más razonable es la suposición de Tschermak, que en vista de la excesiva pequeñez de los materiales que más abundantemente caen en la Tierra como los condros de broncita de los fondos abismales y el polvo meteórico hallado por Nordenskiold, cree en una proyección de fragmentos por la actividad volcánica. Explosión que desmenuzó el astro, y análoga pero con efectos incomparablemente mayores, a la conocida erupción del volcán Krakatoa, que el 27 de Agosto de 1883, hizo explosión destruyendo varias islas del estrecho de la Sonda, causando la muerte de todos sus habitantes (sólo en la isla de Sebesi, situada a 30 kilómetros del volcán y destruida en gran parte, perecieron sus 3.000 y pico de habitantes, no quedando uno para contarlo) y extendiéndose el polvo de la explosión por toda la atmósfera, polvo que fue recogido en Madrid durante una nevada y analizado por los señores D. José Macpherson y D. Francisco Quiroga.

Mr. Daubre y Meunier (7) han intentado restablecer idealmente la disposición que ocupaban los distintos tipos de meteoritos en el globo de donde puede suponerse proceden, es decir, han reconstituido teóricamente el globo meteorítico primitivo, tal como estaría antes de su fragmentación, para lo cual se han fundado en la disposición en orden de sus densidades, que ofrece la Tierra en sus envolturas, atmósfera, mares, corteza sólida y núcleo, en la cual la densidad aumenta de la superficie al centro; en la disposición análoga que según el P.Sechi y Faye se observa en el Sol, y la que general domina en el sistema solar, pues se supone con gran fundamento que los planetas más cercanos al Sol son sólidos, a estos siguen Júpiter y Saturno líquidos, y Urano y Neptuno, gaseosos.

En virtud de esta ley general de disponerse los materiales cósmicos en orden de sus densidades y de las observaciones verificadas en los ejemplares del Museo de París, han supuesto que estas diversas rocas extraterrestres ocupaban en el globo de que provienen, posiciones parecidas a las que sus análogas ocupan en nuestra Tierra.

En el centro del globo que se trata de reconstruir, existía un núcleo metálico formado por los hierros meteóricos; sobre este núcleo vacían aquellos hierros con cristales de materiales pétreos (olivino) como el encontrado por Pallas en el fondo de la Siberia; más externas estarían las piedras meteóricas con granalla metálica muy gruesa, como el colosal de la Sierra del Chaco; encima las de granalla fina como el de Guareña por ejemplo, y finalmente formarían la capa más externa las piedras meteóricas desprovistas de gránulos metálicos y por consiguiente más ligeras. Atravesando las diversas capas, sobre todo las más externas, existirían en diques y filones las rocas eruptivas; en su vecindad, aquellos meteoritos que muestran haber sufrido la acción metamórfica de masas fundidas, y relacionados con estos últimos, los de tipo brechiforme como el de Cangas de Onís, que tengo ante la vista.

Cronológicamente estas capas sucesivas son tanto más antiguas, cuanto más alejadas del centro, es decir, que el enfriamiento en este supuesto globo se verificó como ocurre en la Tierra, desde la periferia hacia el centro, por consiguiente el meteorito de Guareña es más antiguo que el de Quesa (Valencia).

Al contraerse las capas por efecto del enfriamiento y solidificación subsiguiente, se producirían grietas en las cuales se inyectaría la materia fundida del interior, haciendo sufrir la masa inyectada modificaciones más o menos profundas a las rocas que atravesaba (meteoritos metamórficos), y empastando a trozos arrancados de las paredes de la grieta (meteoritos brechiformes) como el citado de Cangas de Onís. En una palabra, se produjeron en el globo meteorítico fenómenos semejantes a los que se producen en la Tierra por causas hipogenas.

Supone Meunier, que una vez solidificado el astro por completo, a causa de la gran retracción producida en su masa, se originarían colosales hendiduras análogas a las ranuras lunares, que a la larga acabaron por dividir el astro en grandes fragmentos, los cuales se separarían no marchando juntos en su gravitación alrededor de su centro de atracción a causa de la desigual densidad de los trozos. Cada uno de estos pudo a su vez ser teatro de divisiones secundarias recorriendo los pedazos de órbitas cada vez más separadas las unas de las otras.

En este estado están esa gran cantidad de astros de formas irregulares, o mejor dicho, fragmentarias situados entre las órbitas de Marte y Júpiter, que se conocen con el nombre de Asteroides.

En un estado aún más avanzado de fragmentación, los fragmentos influenciados por la acción perturbadora de los astros vecinos, recorrerán órbitas cada vez más separadas las unas de las otras, hasta que penetrando en su campo de atracción caerán a su superficie.

Según esta ingeniosa hipótesis de la evolución de los cuerpos celestes, la Tierra perderá su atmósfera y el agua de sus mares absorvidas por la costra sólida sin cesar creciente, la vida desaparecerá de su superficie y una vez que la solidificación haya llegado al centro, pasará sucesivamente por las fases lunar y meteorítica, siendo sus fragmentos incorporados a los otros astros que gravitan en la inmensidad de los cielos.

Eduardo H. Pacheco

Catedrático de Historia Natural.

Córdoba

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(1) Annal des KK naturhist. Hofmuseum, XI Wien, 1896.

(2) Anal. de la Soc. Esp. de Hist. Nat. Tomo XXII, cuad. 2.º

(3) Contemplations scientifiques.-París.

(4) Viajes árticos del profesor Nordenskiold en el Vega.-Barcelona.

(5) Meunier-Les Meteorites-París.

(6) Actas de la Soc. Esp. de Hist. Natur. de Diciembre de 1898 y Febrero de 1899.

(7) Stanislas Meunier.-Le geologique. París.

viernes, 27 de mayo de 2011

El Guadiana en Medellín.

Utilizo esta imagen para ilustrar la evolución de un río como el Guadiana. Cuando circulamos por las carreteras cercanas a cualquier cauce, especialmente si éste es de gran caudal solemos verlos dentro de sus límites habituales, salvo en periodos de avenidas o riadas. No obstante, debemos abstraernos e imaginar que estos ríos pueden salirse de sus límites hasta extremos insospechados. En la ortofoto se ve el río Guadiana (flechas blancas de trazo grueso), circulando por las vegas de Medellín, cuna de Hernán Cortés, prácticamente en el centro de la imagen. El río discurre en diagonal, de NE a SO y cruza entre dos pequeñas serrezuelas. La que está más al norte, donde se encuentra el restaurante Quinto Cecilio, ha sido bordeada por el norte por el río: aunque parezca mentira, el Guadiana, quizá en épocas de grandes, grandísimas inundaciones, hace tanto tiempo (miles, quizá decenas de miles de años) que resulta indescriptible a escala humana. Prueba de ello son los canales fósiles (como la quebrada -o arroyo secundario- de la Galapaguera) que se observan a ambos lados de dicha sierrilla (flechas de trazo fino).

jueves, 26 de mayo de 2011

Resultados I Congreso Ibérico de Geología, Patrimonio y Minería Sostenible.

Alrededor de un centenar de personas se congregó en el salón noble de Círculo de Cascorro durante la primera jornada del Primer Congreso Ibérico de Geología, Patrimonio y Minería Sostenible de Santa Marta. El acto de inauguración estuvo presidido por D. José Luis Andrade Piñana, Director General de Ordenación Industrial, Energética y Minera de la Consejería de Industria, Energía y Medio Ambiente, por D. Jorge Vázquez Mejías, alcalde de Santa Marta, por D. Josep María Mata Perelló, presidente honorífico de la SEDPGYM (Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero),  y por D. Francisco Javier Fernández Amo, responsable de TECMINSA (Técnicas Mineras de Santa Marta). Todos los intervinientes en esta inauguración hicieron hincapié en la importancia del congreso para la promoción y divulgación de las Minas de Santa Marta y para dar a conocer el patrimonio geominero e industrial de la Península Ibérica.


Francisco Javier Fernández Amo realizó una aproximación a todo el contenido del congreso durante su intervención y agradeció el apoyo de todos los patrocinadores y colaboradores de este congreso. Además, Fernández Amo desveló una novedad como es el cambio de nombre del Museo Geológico y Minero de Santa Marta, que si todo va según lo previsto, pasará a llamarse Museo Geominero de Santa Marta, para darle una mayor relevancia en el plano regional y nacional. Tras él intervino Josep Mata Perelló, presidente honorífico de la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero, y de TICCIH-España, quien mostró su agradecimiento a Santa Marta por la acogida que le da siempre que viene a esta localidad, además de felicitar al Ayuntamiento y a la Junta de Extremadura por el esfuerzo de organizar este acontecimiento que pone sobre la mesa la importancia de las Minas de Santa Marta. También apoyó el cambio de nombre del museo de Santa Marta.
El carácter institucional lo proporcionó el alcalde de Santa Marta, que remarcó la importancia de las Minas para la localidad y se comprometió a desarrollar un plan estratégico integral de desarrollo turístico en torno a ellas, que proporcione a la localidad una nueva forma más productiva y dinámica de crear riqueza y bienestar.
José Luís Andrade Piñana, Director General de Ordenación Industrial, Energética y Minera felicitó al Ayuntamiento de Santa Marta por cómo está gestionando el proyecto de puesta en valor del poblado minero. 
La inauguración dio el pistoletazo de salida para toda la actividad desarrollada durante el fin de semana del 5 al 8 de mayo. Un fin de semana que comenzó con una excursión a la Cueva y al Yacimiento Paleontológico de Castañar de Ibor y a las obras de rehabilitación de la Mina Constanaza y al Museo Geominero de Logrosán. Ambas localidades cacereñas han colaborado estrechamente con la organización del congreso y han experimentado una gran satisfacción con la visita y todo lo que ha generado este acontecimiento, como la promesa de una futura “red entre minas”, que Francisco Javier Fernández Amo ha esbozado en una entrevista concedida a Santa Marta Televisión la pasada mañana del 9 de mayo.
Así pues las ponencias y comunicaciones han gozando de un gran nivel, según los asistentes. La mayoría de ellos eran expertos en la materia y mostraron su satisfacción por el buen ritmo y organización del congreso, que ha superado sus expectativas teniendo en cuenta que Santa Marta es una localidad pequeña y poco acostumbrada a desarrollar congresos de este tipo, con un calado internacional y que ha contado con alrededor de 80 inscritos, todo un hito si se compara con otros acontecimientos de esta temática.
Durante el congreso se presentaron trabajos y proyectos como los de los geoparques de la Villuercas y del Naturtejo, en Portugal, que es un referente europeo. Asimismo, se recorrió la geografía española de sur a norte y de este a oeste, así como la latinoamericana, gracias a aportaciones como la de Gerardo Zamora Echenique, presidente de la Sociedad Boliviana para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero, cuya ponencia se tituló “Remediar Ganando. El caso concreto de Huanui (Bolivia)”.
Pero además de la amplia oferta de ponencias, el Congreso tuvo una vertiente turística y lúdica. La turística estuvo protagonizada por las varias visitas guiadas a las Minas de Santa Marta, en las que o bien Francisco Javier Fernández Amo o Javier Subirán Reyes, trabajador de TECMINSA, explicaron detenida y amenamente las peculiaridades del poblado, la mina y los avances del taller de empleo “En el Corazón de las Minas”. Las visitas también se dirigían hacia el Museo Geológico y Etnográfico de Santa Marta, donde la responsable del mismo, María Catena, atendió a los visitantes mostrándoles los vínculos de nuestra etnografía y tradiciones con el patrimonio geológico y minero de Santa Marta.
Pero junto con estas actividades hubo otras destinadas a los niños, como fueron los talleres en las que alumnos de diferentes colegios e institutos cercanos pudieron conocer de primera mano cómo se batea el oro, se hallan los fósiles, se reconocen los minerales y como el patrimonio de la tierra se convierte en arte, con el taller de pintura y cerámica. Una media de 200 niños pasaron entre el viernes y el sábado por estos talleres, de los que no se iban con las manos vacías. Muchos de ellos mostraban orgullosos sus bolsas llenas de piritas y fósiles, que seguramente guardarán a buen recaudo hasta la próxima cita con los talleres.
Además, durante los días del congreso se instaló una Tienda Geológica en la plaza de la Constitución, cuyos fondos recaudados, unos 300 euros, se destinarán a la mejora de las instalaciones y colecciones de minerales del MUGEMISA.
El primer Congreso Ibérico de Geología, Patrimonio y Minería Sostenible de Santa Marta se clausuró con la entrega de premios del Concurso de Fotografía Digital de Patrimonio Geológico y Minero el sábado a las 19:00 en el salón de actos de la Universidad Popular Luís González González. Los ganadores fueron el alicantino Rafael Rodríguez Ruíz, con su fotografía “Madre Tierra”, el segundo premio fue para Sergio Laburu, por su fotografía “Cargaderos”. El tercer premio se quedó en Santa Marta, con la fotografía “Estructura”, de Javier Subirán Reyes.
El Congreso terminó con una excursión, esta vez a las mina La Jayona, en la localidad pacense de Fuente del Arco.
El balance que la organización de este primer Congreso Ibérico de Geología, Patrimonio y Minería Sostenible de Extremadura es bastante positivo, puesto que la aceptación de todos los asistentes ha sido favorable para Santa Marta, a la que han premiado fundamentalmente por su hospitalidad y su capacidad de acogida, puesto que pusieron el acento en que es un congreso respaldado por todo un pueblo que cree en un futuro ligado a la explotación turística de las Minas.

miércoles, 25 de mayo de 2011

“La piedra de construcción de la muralla de Plasencia. Características petrológicas y procedencia de sus materiales”, por Mota López.

María Isabel Mota López presentó este trabajo en las III Jornadas Técnicas sobre “Durabilidad y conservación de materiales tradicionales naturales del patrimonio arquitectónico”, celebradas en Cáceres, el 17 de abril de 2008 y organizadas por INTROMAC (Instituto Tecnológico de Rocas Ornamentales y Materiales de Construcción). Se puede descargar toda la información en la web http://www.intromac.com/docs/files/433intromac2.pdf. Es importante tener en cuanta que en la documentación de las Jornadas el título de la ponencia era otro (“Investigación de materiales pétreos en el patrimonio histórico de la ciudad de Plasencia”).
En el trabajo se identifican los dos litotipos principales que conforman la muralla (granitos y migmatitas), las canteras de las que se extrajo el material (Cantera Berrocal y cantera Cotillo de San Antón). Se estudian, igualmente, las muestras tomadas de acuerdo a indicadores macroscópicos de alteración (modificaciones superficiales, eliminación o pérdida de materia y rupturas y disyunciones).
El muestreo se realiza en dos zonas de la Cantera Berrocal, desechando la otra por motivos de accesibilidad. También se han tomado cinco muestras de la muralla. En laboratorio se utilizan varias técnicas de observación y análisis: microscopía de luz polarizante, microscopía de fluorescencia, microscopía electrónica de barrido, difracción de rayos X y, finalmente, análisis químico de elementos mayores con espectrómetro de florescencia de rayos X. Para la caracterización estructural e hídrica se han utilizado las siguientes técnicas: porosimetría de intrusión de mercurio, densidad real, densidad aparente, porosidad abierta, resistencia a compresión y ultrasonidos.
Los resultados son la apreciación de pátinas de alteración y existencia de zonas de ruptura y fracturas, donde se detecta una disminución de densidad, con acumulación de óxidos de hierro.
Finaliza el trabajo con unas recomendaciones, tanto de sustitución de materiales de la muralla, como de acciones genéricas de prevención del deterioro.





















Mancomunidad Geominera, un ejemplo de difusión geológica.

Mancomunidad Geominera (http://www.mancomunidadgeominera.com/) es una web que nos enseña los valores geológicos y mineros de la varios puebl...