Me recuerda esta noticia que he leído esta mañana, sobre el libro "War Zone. La Segunda Guerra Mundial en el noroeste de
la Península Ibérica", de Editorial Eneida, a la novela "El año del wólfram", de Raúl Guerra Garrido, que trata sobre la compra-venta y el tráfico ilegal de este mineral, estratégico en la II Guerra Mundial, de la que hice un post en http://www.reeditor.com/columna/5715/19/literatura/el/ano/wolfram/raul/guerra/garrido.
Transcribo la noticia, publicada en el portal de noticias del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (http://www.icog.es/TyT/index.php/2012/09/war-zone-la-segunda-guerra-mundial-en-el-noroeste-de-la-peninsula-iberica/):
El libro aborda una historia poco
conocida, la del periodo comprendido entre 1939 y 1945, años en los que
el franquismo se desarrolla en un contexto de extrema violencia: entre
el final de una guerra civil y el desarrollo de una guerra de ámbito
mundial. El régimen de Franco estableció una colaboración abierta
con los alemanes, aunque siempre se mantuvieron con ciertas suspicacias.
El estallido de la Segunda Guerra
Mundial llevó aparejado el crecimiento de las necesidades alemanas
de materias primas, entre las que se encontraba el volframio. En marzo
de 1940, la diplomacia inglesa había recibido informaciones de sus
homólogos franceses acerca del tránsito de grandes cantidades de
volframio desde Portugal hasta Vigo, donde el mineral era embarcado en
submarinos alemanes para transportarlo al país germano.
A partir de junio de 1940, la derrota de
Francia permitió el transporte de mercancías por vía férrea
desde Portugal y España hasta Alemania.
La política aliada de asistencia
económica a España se basó en dos puntos básicos: suministros de
petróleo a cambio del control de las adquisiciones de volframio.
Alemania había comenzado a tener problemas de suministro de volframio
cuando Rusia entró en guerra, al cerrar los yacimientos de la frontera
de China y Corea. Y la zona de mayor producción de volframio a la que
tenían acceso era precisamente el noroeste ibérico. Cerca del 90% del
volframio producido por España salía de Galicia: Valdeorras, Xallas,
Trasdeza, Barbanza y Bergantiños.
La demanda de volframio implicó una
enorme expansión de esta minería, con millares de personas
trabajando, hasta 15.000, en las minas de San Finx-Lousame.
Años de conflicto. La aplicación
reiterada de la violencia política se convirtió en marca de imagen
del régimen unipersonal de Franco. Y los grupos que demandaban la caída
de la dictadura aumentaron, debido al apoyo aliado y al rumbo del
conflicto, que parecía anticipar el final del régimen. Grupos de
oposición en las ciudades, las primeras estructuras guerrilleras en los
montes, fueron algunos de los ingredientes que se mezclaron en un
territorio y una época: el noroeste peninsular. Esta situación cobra
inusitada relevancia en el noroeste ibérico con respecto al volframio,
ya que su utilización por la industria bélica alemana multiplicó su
valor estratégico. Entre las aplicaciones que se han señalado para el
volframio hay que destacar su utilización para reforzar el blindaje de
las unidades de combate alemanas, para la elaboración de proyectiles con
mayor capacidad de penetración e incluso como refuerzo interno de las
piezas de artillería.
Históricamente, la minería del volframio
había estado muy ligada a la del estaño, ya que ambos minerales suelen
aparecer juntos bajo las formas de casiterita, volframita y scheelita.
La antiquísima minería del estaño, tradicional en todo el noroeste
ibérico, coincidió con la llamada provincia estaño-tungstífera ibérica,
que abarca la mitad norte de Portugal, la mayor parte de Galicia y
determinadas zonas de León, Asturias, Zamora, Salamanca, Cáceres y
Badajoz. Aunque existieron inversiones de capital de otros países en los
finales del siglo XIX y comienzos del XX, hay que destacar el dinamismo
mostrado por emprendedores británicos ligados a la explotación de
numerosas minas de estaño-volframio en las zonas de Lousame (A Coruña),
Vila de Cruces (Pontevedra), y la región portuguesa de
Trás-os-Montes. La historia del suministro de volframio español al
Tercer Reich hunde sus raíces en uno de los momentos claves de la
historia del periodo, como fue el viaje emprendido por el militante del
partido nazi en Marruecos Johannes Frantz Bernhardt hasta Alemania, en
los primeros días del golpe de Estado, ejerciendo de mensajero del
general Franco para conseguir el apoyo alemán al golpe militar. En la
entrevista con Hitler surgió ya la cuestión de que el suministro de
materias primas (en aquel momento desde el norte de África) sería la
moneda de cambio de los golpistas.