En el periódico La Crónica de Badajoz, el 19/02/2012, se publicó este artículo propagandístico y curioso por la temática (geotermia), de escasa representación en Extremadura. Lo transcribo literalmente:
Viaje al centro de la tierra en Extremadura. Una de las compañías españolas
más activas en el sector de las energías renovables, la aragonesa Samca, quiere
profundizar en el subsuelo extremeño. Su aventura , alejada de la novela
de Julio Verne, tiene como fin encontrar calor suficiente para poder producir
electricidad.
El proyecto está en una fase casi tan incipiente como la de la tecnología que
pretende explotar. La geotérmica es, seguramente, la fuente de energía renovable
menos desarrollada en España. En otros países europeos, como Francia o Alemania,
ya cuentan con instalaciones en funcionamiento. Aquí ni siquiera se dispone de
un marco regulatorio.
Su base es aprovechar el calor existente en el interior de la Tierra,
utilizándolo para generar vapor y, ya en superficie, transformarlo en
electricidad mediante turbinas y generadores. Los expertos reconocen que las
zonas más proclives son las situadas en áreas volcánicas o sobre grandes
acuíferos subterráneos. Pero en el caso extremeño la superficie donde se harán
las investigaciones es un terreno granítico. Este tipo de roca, roca seca,
retiene el calor que emana desde el centro del planeta, alcanzando altas
temperaturas. "Por cada 100 metros que profundizas la temperatura sube tres
grados. El objetivo es llegar a los 4.000 o 5.000 metros de profundidad, para
alcanzar los 130-150 grados centígrados, inyectar agua mediante sondeos y
producir vapor", explica José Miguel Villarig, consejero delegado de Renovables
Samca.
El grupo aragonés ha solicitado, a través de su filial Molinos del Ebro, S.A.,
la autorización de la Junta de Extremadura para investigar los recursos
geotérmicos de unas 900 hectáreas de superficie en el entorno de los municipios
de Navas del Madroño e Hinojal, cerca de la cabecera del embalse de Alcántara.
Se trata de un paso inicial en el proyecto, pero no despreciable. Durante los
últimos años, según Villarig, han explorado el potencial de ese área central de
la provincia de Cáceres, con información y trabajos de organismos oficiales como
el Instituto Geológico Minero. Ahora, si la Junta les da el visto bueno, irán
más allá y durante un periodo de unos tres años analizarán sobre el terreno si
el subsuelo extremeño ofrece los recursos térmicos que le han atribuyen los
expertos.
Un reciente estudio realizado por el Instituto para la Diversificación y el
Ahorro de la Energía (IDAE), adscrito al Ministerio de Industria, ha
identificado la zona granítica de Ceclavín (incluida la margen izquierda del
Tajo) como una de las de mayor potencial geotérmico de la península Ibérica. Y
no solo para construir plantas de generación eléctrica, sino también para
pequeñas instalaciones de uso doméstico o empresarial con prospecciones de pocos
metros bajo el suelo. Investigadores australianos aseguran que un kilómetro
cúbico de granito, a 250 grados centígrados, acumula la misma energía que 40
millones de barriles de petróleo.
Elevada inversión
"Los geólogos nos dicen que es una de las zonas que ofrece más garantías",
asevera Villarig. Tan convencido está de ello que no duda en hablar de lo que
podría llegar a ser esta aventura: "las investigaciones culminarían con
un sondeo hasta alcanzar la profundidad necesaria. Solo eso supondría una
inversión de unos ocho millones de euros, porque cada metro de canalización que
profundizas cuesta unos 2.000 euros". Más alejada en el tiempo aún estaría la
construcción de una planta eléctrica para convertir ese calor en vapor y en
vatios. Pero el responsable de Samca adelanta detalles de lo que tienen en la
cabeza: "sería una instalación no muy grande, de cuatro o cinco megawatios de
potencia instalada. Su construcción requeriría una inversión de unos 24 millones
de euros y un segundo sondeo: uno para inyectar agua y otro para obtener el
vapor".
Para los promotores, la principal ventaja de este tipo de energía es que
puede operar los 365 días del año, 24 horas al día, a diferencia de la solar o
la eólica, que dependen de la disponibilidad de sol y viento, respectivamente.
"Una termosolar o un aerogenerador funcionan un máximo de 2.800 horas al año;
una geotérmica podría hacerlo 8.000", dice Villarig. Será cuestión de tiempo,
dinero y calor que pueda demostrarlo.