miércoles, 13 de octubre de 2010

Reunión Científica en La Codosera (2001).


El 25 y 26 de mayo de 2001 la Asociación Geológica de Extremadura, junto con la IUGS-UNESCO, organizó una reunión científica en La Codosera, provincia de Badajoz, bajo el título “Zona de cizalla Badajoz-Córdoba. Su influencia en la localización de estructuras auríferas en el área de La Codosera”.

Asistieron más de medio centenar de expertos en geología, presentándose una veintena de trabajos sobre tectónica y petrología, fundamentalmente. Los resúmenes de dichas presentaciones pueden solicitarse a info@agex.org.

El sábado, 26 de mayo, hubo una excursión dirigida por Pablo Gumiel y Rocío Campos, titulada "Transpresión en el segmento norte de la Zona de Cizalla de Badajoz-Córdoba y su influencia en la localización de las estructuras con mineralizaciones de oro del área de La Codosera", en la que se visitaron diferentes indicios y yacimientos de oro, en los que se explicaba su génesis bajo un punto de vista marcadamente estructural. Se puede solicitar la guía escrita y comentada de la excrusión al doctor Pablo Gumiel (p.gumiel@igme.es).

martes, 12 de octubre de 2010

"El riesgo sísmico de Sevilla", de Pilar Gentil Govantes.

En 1989 se publicaría un interesante libro sobre los efectos de los diferentes seismos sobre Sevilla. Su autora, Pilar Gentil Govantes, es arquitecto por la Universidad de Sevilla y se nota el correcto manejo de los conceptos relacionados con el subsuelo y la relación con los fenómenos sísmicos.
Aprovechando la nota que publiqué recientemente sobre los efectos del terremoto de Lisboa en Coria, creo que el texto de Pilar Gentil supone un referente bibliográfico en los estudios geotécnicos en relación con el riesgo por sismicidad en España. Recordemos que la mayoría de los daños provocados por los terremotos en la Península Ibérica, salvo excepciones, como el tsunami de 1755 que asoló la costa gaditana o muertes por ataques al corazón o causas similares imputables a la impresión provocada por el evento, son inducidos por los daños materiales de los edificios en los que se encuentran las personas en el momento de producirse el seismo. Así, al igual que en Coria hubo una veintena de fallecidos por el derrumbamiento de la torre, en Sevilla la autora del libro recoge datos de documentos antiguos, donde se señala que también hubo fallecidos por las mismas causas.
Amén de los resultados específicos correspondientes a Sevilla (objetivo fundamental del libro de Pilar Gentil) lo que considero más interesante de lo recogido en el texto es el estudio detallado de algunos terremotos (el recorrido temporal que realiza comienza en el terremoto de El Acebuchal -sin fecha conocida, pero posiblemente eneolítico-, seguido por el de 1079, el de 1356, el de 1504 y el de 1755 -Terremoto de Lisboa-). Y en lo referido a Extremadura, destaco la parte documental, pues hay gran cantidad de datos recabados en el apéndice III.
Un buen libro de consulta no solo para aquellos que realizan geotecnia en Sevilla, sino para los investigadores de la historia de los seismos.

lunes, 11 de octubre de 2010

"El terremoto de Lisboa y la Catedral de Coria", por Faustino Martínez Vázquez.

En 1999 ve la luz el volumen 5 de la colección Temas Caurienses, que trata sobre las vicisitudes aceacidas en Coria entre 1755 y 1759, periodo durante el cual se realizaron las obras para los arreglos de los desperfectos habidos en la Catedral de Santa María de la Asunción debido al terremoto de Lisboa.
Recordemos que el terremoto de Lisboa no tuvo su epicentro en la capital lusa, sino en el mar atlántico. No obstante, lleva ese calificativo por haber sido sus efectos más notables en esa ciudad. Ocurrió el 1 de noviembre de 1755, el día de Todos los Santos. Además, se cree que la hora incrementó el número de víctimas, al ocurrir el primer temblor hacia las 10 de la mañana, hora a la que las capas sociales más bajas acudían a los templos (la personas pudientes iban a última hora de la mañana). Se estiman 60.000 muertos (aunque este dato es muy cuestionable) y la magnitud fue de 8,7 grados en la escala de Richter, habiéndose sentido al menos en todo el continente europeo y probablemente también en la orla norteafricana. Decir, por otro lado, que existen más estudios sobre los efectos estructurales del terremoto de Lisboa en otras zonas (por ejemplo, Antonio Jacobo del Barco lo hace respecto a la provincia de Huelva, en un facsímil de 1756, reeditado en 1996; José Manuel Martínez Solares publica en 2001 otro estudio genérico referido a los efectos en España; finalmente, en 2003 José María Arcos Franco publica un estudio de las repercusiones en los edificios religiosos de la comarca de La Serena).
El autor del libro que comentamos hoy, Faustino Martínez Vázquez, es canónigo archivero, y también teólogo y paleógrafo. Con la edición de este libro demuestra lo importante de la paciencia en un investigador histórico a la hora de bucear en los documentos de antaño para reconstruir, en este caso, un fenómeno natural de repercusión continental, que tanto daño produjo en el edificio catedralicio caurense, y más aún en sus vecinos, y de cómo ese fatídico día marcaría el devenir de los años siguientes, puesto que hubo que realizar un gran esfuerzo para rehabilitar los daños estructurales provocados por el seismo y para recuperarse anímicamente del suceso. Tal y como se indica en el libro, en Coria fallecieron 21 personas, y otras muchas resultaron heridas. La mayor parte de los decesos se produjeron por golpes o aplastamientos tras la ruptura y caida de parte de la torre del edificio.
No obstante, indicar que la catedral empezó a construirse a finales del siglo XV y ya entonces se observaban problemas en la cimentación. O sea, que es más que probable que el terremoto de 1755 incrementase esos problemas estructurales hasta el punto de superarse los niveles de estabilidad de los cimientos, asociados a los del talud de la ladera que mira hacia el sur, al límite del equilibrio (como curiosidad, indicar que se siguen utilizando en la actualidad chumberas para detraer agua intersticial del talud y coadyuvar en el mantenimiento de su estabilidad).
En la imagen derecha (cuyo autor es el ingeniero José Manuel González Pérez) se ve una de las grietas que aún hoy sigue evolucionando debido muy probablemente a un fallo de cimentación. Los cimientos, si bien son realizados con piedra de granito, son de escasa calidad y, además, probablemente se apoyen en materiales con escasa competencia (en el informe geotécnico que realizó Vorsevi, incluido en un anexo del libro, se habla del relleno -terciario- de la cuenca de Coria, de carácter terrígeno). Además, el problema se agrava notablemente por la presencia de agua, pues los niveles freáticos son relativamente altos, lo que provoca, además de una disminución del factor de seguridad del talud (disminución de la cohesión), humedades importantes en todos los cimientos y muros de apoyo. Éstos presentan alta capilaridad, debido a su también alta porosidad.
El puente abandonado del río Alagón en Coria puede estar relacionado indirectamente también con el terremoto, pero eso lo veremos otro día.
Finalmente, indicar que se puede adquirir el libro en el Museo de la Cárcel Real de Coria, pero seguramente es fácil de conseguir en otros puntos de la villa.

viernes, 8 de octubre de 2010

Carteles de las Muestras de Mineralogía y Paleontología.

Han sido una veintena de ediciones de esta ya tradicional exposición temporal habitual de Emérita cada primavera en la Plaza de España.
Diversos expositores engalanaban sus casetas con el muestrario pétreo que habían ido acumulando a lo largo de años y que presentaban con orgullo a los viandantes que por allí se paraban. No eran ni son buhoneros al uso, sino algunos de ellos todo lo contrario: grandes expertos en minerales y fósiles, que recorren enormes distancias al año para recolectar los mejores ejemplares que puedan encontrar por todo el mundo. Son ya una familia, reconocida por los que nos hemos acercado a ellos durante todos estos años y que vemos en su hacer una profesión digna a la que se le debería dar más atención, ahora que se habla tanto de patrimonio geológico.




En este sentido, señalar que este "negocio" permite divulgar la ciencia y el patrimonio natural, pues estas personas cumplen esa función de recorrer el campo, descubrir indicios y aprovechar (comercializando) unos recursos que de otro modo no podríamos disfrutar.
Os presento algunos de los pósters de ediciones anteriores, algunas dedicadas monográficamente a temas específicos.

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Hacen unos pinchos de cruziana en el Bar Chaplin?

"Manolo, una caña y un pinchito ordovícico para la mesa 3", podría muy bien gritar la camarera de este bar de Caminomorisco. No obstante, dicho esto, ¿no podrían ser las cruzianas un grupo de brujas hurdanas del medievo? Pues sí, aunque también podría ser el nombre de un grupo musical veraniego "aserejé" o el título de una peli (de miedo, claro) de "Serie B".
Siguiendo con esta paranoia, la siguiente imagen es un claro ejemplo de que también con unas cervezas puede replantearse el sentido de la propia Paleontología como ciencia, pasando a ser arte moderno, pues en 30 metros cuadrados de superficie somos capaces de liberar la mente y dejarnos llevar hasta hace casi 500 millones de años, para ver cómo los trilobites, unos artrópodos que se desplazaban por el fondo de los mares en aquellos tiempos, dejaban sus huellas (icnitas) sobre el sedimento.
En las imágenes inferiores se observan detalles del exterior del Bar Chaplin, con numerosas formas, entrelazadas de tal manera algunas, que dificultan mucho la observación pormenorizada de las huellas. Éstas se denominan en ocasiones bilobites (término ya en desuso), debido a que en su desplazamiento por el fondo marino los trilobites utilizaban sus apéndices ventrales, que dejan dos surcos principales, en los que a su vez se observan los microsurcos diagonales, que indican, entre otras cosas, el sentido del desplazamiento.

Propongo la incorporación del Bar Chaplin a la red de sitios geológicos extremeños, como ejemplo paradigmático de fusión entre cultura, arte y ciencia. Así, su visita sería la excusa perfecta para tomar unas cañas o, si se es atrevido, un combinado alcohólico que se llamara, por ejemplo, "Bilobite", y cuyos efectos trasladarían el cuerpo-mente de su consumidor al Ordovícico, por lo menos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Raña en Aljucén.

En 2004 realicé una inspección a la raña que se observa en la carretera nacional 630, más o menos a la altura de la localidad de Aljucén.
De aquella época son estas imágenes, que muestran en detalle el aspecto rojizo de los cantos, algo muy común en este tipo de depósito. La raña es un sedimento asociado a los glacis que nacen en las sierras cercanas, normalmente paleozoicas. Se forman durante el periodo geológico que constituye el tránsito entre el Terciario y el Cuaternario. En general, se considera que su formación está relacionada con ambientes subtropicales, cuya climatología es la causa de la alteración tan notable de los materiales que componen dicho depósito sedimentario. De hecho, éste tiene dos componentes, tanto sedimentario físico, por erosión y desplazamiento desde el área fuente, como químico, por procesos que deterioran los componentes minerales de los cantos pre-existentes. Suele confundir el fenómeno geológico, pues los cantos subesféricos que vemos no son, en general, producto del rodamiento desde el área fuente, sino del ataque químico tan acusado del ambiente subtropical. A este clima se asocian periodos secos, que favorecen la migración de los óxidos de hierro desde el interior hacia el exterior de los cantos, produciendo los colores ocres y oscuros, en general, que estos tienen, especialmente los chinarrales de la superficie.

Las rañas son muy abundantes en el oeste peninsular, especialmente en los Montes de Toledo. En Extremadura son fácilmente observables en la comarca de Las Villuercas-Ibores-Jara, al sur de las Sierras Centrales de Extremadura (Montánchez), así como al sur de Sierra de San Pedro.

Recomiendo la lectura de los siguientes trabajos:
  • Ramírez Ramírez, Enrique (1952): Nota preliminar sobre el estudio de la raña. Anales de Edafología y Fisiología Vegetal, tomo XI, nº 4.
  • Martín Sánchez, Santos (1989): Nota sobre la raña en Extremadura. Extensión 10, 2: 47-53.

martes, 5 de octubre de 2010

Geólogos ilustres de Extremadura: Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan.

La biografía de Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan es extensa y no soy capaz ni mucho menos de mejorar lo que otros han escrito sobre él. Entre estos autores destaco una biografía del profesor Julio Lozano (de cuyo libro hablaremos en otra ocasión), así como un texto de María del Mar Merino (ver imágenes). No obstante, por ahora voy a transcribir el texto que el doctor Ángel Montero expone en la web Galería de Paleontólogos (http://www.ugr.es/~mlamolda/galeria/), de la Universidad de Granada, coordinada por don Marcos Lamolda. Es éste:


"Eduardo Hernández-Pacheco nació en Madrid y murió a los 93 años en su casa de Alcuéscar (Cáceres).

Estudió la carrera en Madrid (excepto un año en Barcelona por haber sido su padre trasladado a Cataluña) y se doctoró en 1896 con una tesis, básicamente, de campo, sobre la Sierra de Montanchez, dirigida por José Macpherson, que había sido profesor suyo. Conoció los últimos años del Gabinete de Historia Natural en su inicial emplazamiento de la calle de Alcalá, así como sus sucesivas ubicaciones: los bajos del Palacio de Bibliotecas y Museos, actual Biblioteca Nacional, y el Palacio de la Industria y de las Artes, lugar que ocupa en la actualidad. El Museo sería una institución a la que se vincularía pocos años después y que no abandonaría hasta su jubilación.
Entre 1896 y 1899 desempeña cargos interinos en la Universidad de Valladolid como ayudante y en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cáceres como profesor auxiliar, hasta que en 1899 obtiene una cátedra de Instituto de Segunda Enseñanza que le lleva a Córdoba en donde comienzan realmente sus estudios geológicos, en Sierra Morena y en la cuenca del Guadalquivir. También este año es nombrado miembro numerario de la Academia de Ciencias, Letras y Artes de Córdoba y descubre el hoy célebre yacimiento de arqueociatos de Las Ermitas, cerca de esa ciudad.
En 1907 es nombrado Profesor Adjunto en la Universidad de Madrid y también Jefe de la Sección de Cambios del Museo de Ciencias Naturales, cargo que fue creado ese año y, por tanto, el primero en ocuparlo, pero que tendría que abandonar al año siguiente por incompatibilidad administrativa con su cátedra de Córdoba (El R.D. de 17-1-1908 prohibía la permanencia en un puesto fuera de la localidad donde radicaba la cátedra). Durante estos años lleva a cabo colectas con destino al Museo y así en 1909 recibe uno de los premios que otorgaba este Centro a las mejores donaciones: curiosamente don Eduardo Hernández Pacheco donó una colección de cuatro mil ejemplares, pero de insectos. Este mismo año la dirección del Museo pide al Ministerio su reingreso temporal, como Conservador, para ayudar en el cercano traslado al Palacio de la Industria y de las Artes, pero no se acepta en base al Real Decreto mencionado anteriormente.
En ese año de 1907 la Real Sociedad Española de Historia Natural le designó para acompañar a Salvador Calderón en una expedición a las Islas Canarias orientales, expedición a la que acabó yendo únicamente acompañado de un entomólogo, porque Calderón había enfermado. Sus estudios se centraron en la vulcanología de Lanzarote e isletas, aunque también realizó colectas de ejemplares paleontológicos con destino al Museo Nacional de Ciencias Naturales.
En 1910 gana la cátedra de Geología de la Universidad de Madrid, cargo que llevaba aparejado la de Jefe de Sección de Geología y Paleontología estratigráfica del Museo de Ciencias Naturales. Jefatura que ocuparía hasta 1930 cuando se separan la Geología de la Paleontología, quedándose con la de Geología y ocupando José Royo Gómez la de Paleontología. También ese año de 1910 es pensionado, por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (J.A.E.), para realizar estudios en el extranjero, en Francia, Bélgica, Suiza e Italia. En 1911, a la muerte de Salvador Calderón, Jefe de la Sección de Mineralogía, se ocupará también de esta sección, hasta su renuncia expresa en 1920.
Por Reales Órdenes de 28-5-12 y 26-5-13, se crea la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas dependientes de la J.A.E., en la que tanto D. Eduardo Hernández-Pacheco como D. Enrique de Aguilera y Gamboa, Marqués de Cerralbo desarrollan una ingente labor, siendo éste el primer director y Hernández-Pacheco el Jefe de Trabajos y Director de Publicaciones, y sería Director a partir de la muerte del Marqués en 1922. La sede de esta Comisión se establece en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. En 1917 es nombrado Presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural.
Fue miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales desde 1921 y llegó a la presidencia de la Sección de Naturales en 1940.
Participó activamente en el XIV Congreso Geológico Internacional, celebrado en Madrid en 1926, como vocal de la Comisión organizadora, en la realización de un libro de síntesis sobre Sierra Morena y la llanura del Guadalquivir, en dos guías de excursiones postcongreso y dirigiendo una de ellas (a Sierra Morena).
En 1929 es nombrado Inspector de Sitios y Monumentos Naturales de Interés Nacional de la Comisaría de Parques Nacionales, desde donde participa en la protección de las primeras reservas naturales en España.
En 1934 es nombrado Jefe de la Expedición a Ifni y recorrió ese territorio publicando sus resultados en la Real Sociedad Geográfica de Madrid. Al año siguiente, es nombrado Director de la Sección de Ciencias Naturales de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, de la que era Vicepresidente desde 1917. En 1938, es nombrado Académico del Instituto de España.
En 1939, nada más terminar la Guerra Civil, vuelve al museo y ocupa la dirección, pero en pocos meses en sustituido. Vuelve a su actividad como catedrático en la Universidad y como Jefe de Sección en el Museo y un año después, solicita permiso ministerial para realizar expediciones a los territorios españoles en África, aunque ya estaba estudiando moluscos fósiles de Ifni ayudado por José Bataller desde el Museo del Seminario de Barcelona. En 1941 realiza una expedición al Sáhara con su hijo Francisco Hernández Pacheco, Catedrático de Geografía Física de la Universidad Central desde 1933, para estudiar este territorio africano. Los resultados del viaje fueron publicados por esta Universidad. En 1952 es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Toulouse (Francia).
Eduardo Hernández Pacheco publicó gran cantidad de trabajos sobre todos los temas de la Historia Natural, aunque la mayor parte fueron sobre Geología española y del África española, sobre Prehistoria y sobre Paleontología. La importancia de sus trabajos en cada disciplina hace que se le pueda considerar tanto un prehistoriador, como un paleontólogo, un geólogo y un geógrafo dada la cantidad, pero sobre todo la calidad, de sus trabajos en estos campos. Sus primeras publicaciones paleontológicas se centran en invertebrados (arqueociatos) e icnofósiles paleozoicos, para pasar posteriormente al estudio de vertebrados terciarios, campo en el que centraría la mayor parte de su actividad paleontológica, destacando sus estudios sobre mamíferos terciarios de ambas mesetas y la datación de esos depósitos, considerados hasta ese momento como diluviales (Cuaternarios).
También llevó a cabo importantes trabajos sobre las grandes tortugas terrestres encontradas en Madrid y otras provincias castellanas y estudió el célebre yacimiento de Concud en Teruel.
En Prehistoria, sus trabajos sobre arte paleolítico y post-paleolítico, centrado, en gran parte, en Asturias y la cornisa cantábrica, acaparan casi toda su producción en este tema.
Sus publicaciones sobre Geografía Física se suceden, fundamentalmente, a partir de su ingreso en la Real Academia de Ciencias, en donde pronuncia un discurso titulado: "Rasgos fundamentales de la constitución e historia geológica de la Península Hispana".
Habrá más, pues es un personaje referente no solamente de la Geología extremeña y española, sino también europea.

Mancomunidad Geominera, un ejemplo de difusión geológica.

Mancomunidad Geominera (http://www.mancomunidadgeominera.com/) es una web que nos enseña los valores geológicos y mineros de la varios puebl...